Hermosillo, Sonora.- Este domingo 29 de marzo, con la conmemoración del Domingo de Ramos, inicia oficialmente la Semana Santa 2026, una de las fechas más significativas del calendario cristiano y que, en el caso de la tribu yaqui, representa una de las expresiones culturales y espirituales más profundas del noroeste de México.
En colonias de Hermosillo, familias yaquis mantienen viva esta tradición, donde más que una conmemoración religiosa, la Semana Santa se convierte en un proceso ritual que se vive desde semanas atrás y que integra fe, identidad y memoria colectiva.

A diferencia de la celebración católica convencional, la Semana Santa yaqui inicia desde el Miércoles de Ceniza y se extiende durante toda la Cuaresma, un periodo de 40 días en el que se desarrollan ceremonias, danzas, procesiones y representaciones que combinan elementos del cristianismo con la cosmovisión indígena.
Durante este tiempo, uno de los personajes centrales son los llamados chapayecas o fariseos, quienes portan máscaras elaboradas de cuero o piel de animal y representan a los enemigos de Jesucristo. Su presencia simboliza el mal, la persecución y el pecado, y quienes los encarnan asumen también un acto de penitencia, al ocultar su identidad y mantener silencio mientras participan en los rituales.
Las actividades incluyen recorridos ceremoniales por las calles, conocidos como “corridas”, así como danzas tradicionales como la del venado y pascola, que refuerzan el vínculo espiritual con la naturaleza y la comunidad. Cada viernes de Cuaresma se realizan procesiones que evocan la persecución de Cristo, en una narrativa que va cobrando intensidad conforme se acerca la Semana Mayor.
El momento más significativo llega el Viernes Santo, cuando se representa la captura, pasión y muerte de Jesús, en una dramatización colectiva que involucra a gran parte de la comunidad. Posteriormente, el Sábado de Gloria marca el cierre del ciclo ritual: los chapayecas se retiran las máscaras y se realiza la quema simbólica del mal, dando paso a la renovación espiritual.
Para el pueblo yaqui, estas prácticas no solo recrean los pasajes bíblicos, sino que también reflejan su propia historia de resistencia, dolor y esperanza. La tradición es resultado de un sincretismo entre la evangelización jesuita y las creencias originarias, lo que da lugar a una celebración única en la que la fe se vive en comunidad y en movimiento.
Aunque comparte con la Biblia elementos como los 40 días de Cuaresma y los episodios centrales de la pasión de Cristo, la principal diferencia radica en que, mientras la religión católica se enfoca en ceremonias litúrgicas, los yaquis convierten estos acontecimientos en experiencias vivas, representadas en las calles y asumidas como parte de su identidad cultural.
Así, en Hermosillo, la Semana Santa yaqui no solo se observa: se siente, se actúa y se hereda, como una de las manifestaciones más significativas de la riqueza cultural de Sonora.